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A través de una videollamada el 30 de octubre de 2025, Yayo González, vocalista de Paté de Fuá, compartió con nuestra comunidad una charla que dejó huella por su autenticidad, su mirada sensible del arte y su profundo sentido de vida. La actividad fue organizada por la Mtra. Nidia Jáuregui Moreno, quien invitó al músico argentino a dialogar con nuestras y nuestros estudiantes sobre la vocación, la disciplina y la importancia de mantenerse fiel al propio camino.  

Durante una hora, Yayo relató cómo su historia se ha construido desde la constancia y el amor por la música. Contó que trabajó desde muy joven en distintos oficios —en el metro y en cafés—, mientras escribía canciones sin imaginar el éxito. “No soñaba con tener fans, hacía canciones para divertirme”, dijo. A los 24 años llegó a México y fue forjando su identidad artística hasta crear Paté de Fuá, una banda que mezcla ritmos de distintas épocas con una estética muy personal. 

Entre risas, anécdotas y canciones, el músico habló de lo que considera la verdadera medida del éxito: “Éxito es hacer lo que amas. Me gusta más hablar de realización. No me considero exitoso, me considero enamorado de la música y dichoso de poder dedicarme todos los días a esto”. Y añadió: “El mundo va a ser un lugar más amable si haces lo que te gusta hacer”.  

Por otra parte, aconsejó a quienes buscan su propio estilo a reconciliarse con uno mismo, porque “solo cuando te aceptas puedes encontrar tu propia voz”. También recordó que al inicio le daba miedo cantar en público y que aprendió a transformar esa inseguridad en motor creativo. 

Para Yayo, la trascendencia se construye cuando lo que haces conecta con otros. “Lo que más disfruto es cuando alguien se conmueve con mi música”, expresó antes de cantar una parte de Fantasma enamorado, tema inspirado en México y en la tradición del Día de Muertos. Nuestra rectora, Mtra. Rosa Alejandra García Bado, agradeció su participación y destacó una de sus reflexiones más profundas: la trascendencia comienza cuando nos conectamos con el corazón y miramos la vida desde la gratitud.